Familia Luna

Un cursillo colado: Cómo viajar lactando

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COLADO POR: Crystal

Imagínense esto: mi hija Sol tenía tres meses de nacida cuando Mariano, mi esposo, dice que va a correr un maratón tres meses después. Hasta ahí todo bien, brillante, chulo, emocionante.

Pero el maratón era en Nueva York.

¿Qué significaba eso? Que iba a tener que ponerme creativa con la lactancia de la bebé. Miren: yo tuve problemas para tomarle el pie al proceso, porque he tenido dos reducciones de busto. Sin embargo, yo pensaba que eso me iba a impedir dar el seno, pero con dolor, esfuerzo y persistencia, Sol y yo lo logramos.

Mi esposo seguía entrenando, y yo preocupada por mi proceso. Yo estaba interna en el llamado Búnker de la Leche —ese fue el nombre que le di a mi hogar, donde vivía en pijamas, despeinada y como una vaquita cualquiera alimentando a sol—. Me preguntaba si después de lo difícil que fue lactar, valía la pena abandonar todo por un viaje de cinco días. ¿Me la llevaba o me extraía para dejarle suficiente leche congelada? ¡Me fui enredando en mi cabeza!

Sin embargo, el universo me desenredó solito: yo preocupada por el maratón, y me vino a tocar un viaje de negocios justo antes. ¡Ahí ya no tenía excusa! Por eso, lo tomé como una buena práctica para hacer experimentos con la leche antes del viaje a Nueva York. Como Sol se iba a quedar con mi madre, decidí dejarle sus raciones en la casa y extraerme mientras estuviera de viaje.

Empecé a investigar con amigas que habían tenido la experiencia. Unas me decían que me olvidara de tanto afán en el extranjero, y que botara la leche. Sin embargo, yo sabía que no traerle esa leche a la bebé sencillamente no era una opción. Así que, en vez de eso, una amiga me prestó algo que resultó ser una salvación: una neverita de mano, donde pude guardar la leche en el viaje de regreso. A ella, que sabe quien es, le agradezco infinitamente sus consejos. De hecho, quiero compartirlos con ustedes: por eso, acá les paso nuestra lista de herramientas para viajar lactando.

[1]

Siempre llevar piezas extra para el extractor: así, en vez de sacar doble, se puede hacer discretamente una pieza de un lado, y luego del otro. Yo compré el Medela Freestyle, porque es inalámbrico y práctico —es pequeño y nada aparatoso—.

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Un armazón de secado viaje —lo que en inglés se llama travel tot— para escurrir las piezas y los biberones después de haberlos esterilizado. ¿Lo mejor? Una vez doblado el armazón cabe en cualquier cartera.

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Cargar las funditas de Medela para poder esterilizar directamente en el microondas, así como las Pump and Save para poder congelar la leche. ¿Otro producto estrella de Medela? Las toallitas para el extractor —el nombre original del producto es Breast Pump Wipes—.

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El hielo seco es tu amigo para la neverita. Como no siempre aparece en todos lados, me planifiqué y ordené uno en Amazon para prepararlo yo misma en el hotel, a mi retorno. Yo sellaba las funditas con una plancha o, a falta de plancha, literalmente una sanduichera. ¡Hay que ser creativos!

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[5]

Es importante llevar una buena bufanda, para tirársela por encima y así poder extraerse en la calle lo más discretamente posible.

Mi proceso diario se convirtió en una rutina: Manitos Limpias, extraerme, pasar toallita, esterilizar, secar. Con el set extra eran cuatro piezas en total, así que no tenía que esterilizar cada vez que me iba a extraer —bastaba guardar la pieza usada en una fundita que decía “SUCIO” y usaba un set nuevo, extrayéndome de ambos lados con una sola pieza, para así no tener que esterilizar a medio día—. Para almacenar la leche, era solo cuestión de andar con una fundita Ziplock y pedir hielo, y lo reemplazaba cada vez que se derretía. En cada bolsita escribía la fecha y la cantidad de onzas, y congelaba la dosis en el hotel, para entonces fregar las partes del extractor y esterilizar las piezas en el microondas con las funditas Medela.

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Desde ese primer viaje han habido muchos, y Sol y yo nos hemos manejado como campeonas. Cada vez que la veo pasando cada nueva etapa de su infancia, pienso: todo ese estrés valió la pena.

¿Y qué aprendí con todo esto? Primero, que lo más importante de la logística es avisar al hotel o asegurar tener un acceso al microondas para esterilizar las piezas, un freezer para congelar y una nevera para mantener la leche fría.

Segundo, aprendí que lo ideal es congelar la leche, porque así sólida causa menos problemas en el chequeo de seguridad del aeropuerto. En mi caso, le solicité al hotel que congelara las bolsitas de Ziplock: yo metía toda la extracción de un día en una bolsita, que entonces etiquetaba con la fecha, para distinguirla de las demás. Yo me estudié el documento sobre la leche materna que provee el TSA, y lo mejor es imprimirlo o llevarlo en el celular, por si uno se topa con un agente que no conozca las regulaciones al dedillo.

Y para no cansarles el cuento, ¿cómo nos fue con el viaje del maratón? Excelente. Desde ese primer viaje han habido muchos, y Sol y yo nos hemos manejado como campeonas. Pude darle el seno hasta los ocho meses y medio, y cada vez que la veo pasando cada nueva etapa de su infancia, pienso: todo ese estrés valió la pena.

Fotos: Luna Colada